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De ventanas y encuentros

  • Foto del escritor: Denise Slucki
    Denise Slucki
  • 23 jun 2019
  • 2 min de lectura

Iveromigli, Santorini. Grecia.

Hoy me encontré con Marta, hacía rato que no la veía. En el edificio no la quieren mucho pero a mi me cae bien. 5pm subo la persiana lentamente para no hacer mucho ruido. La casa está oscura y por más que apriete el interruptor, no se prenderá la luz pero tengo mandados y voy a regar esas plantas a oscuras. Las macetas están colocadas en la ventana de la habitación, que da al patio de Marta. Nunca me resultó entretenido regar plantas. No me gustan, no sé cuidarlas, me olvido, no tengo paciencia. Una botella de 2,25L de coca sin azúcar hace las veces de regadera.- ahora que lo medito, con una regadera no se me dificultaría tanto, por lo menos es más divertido ver la forma en que sale el agua ramificada-, pero no tengo y sale un chorro de agua inconmesurado disparado hacia abajo y cae en el motor del aire acondicionado del 1ro haciendo un ruido tal que Marta se asoma al patio. 5:30pm Marta y yo nos miramos cuando le extiendo una mirada queriendo tranquilizarla y mostrarle que soy yo la del ruido y entramos en una película de los años 60 o 70. Nos ponemos a hablar de ventana a balcón. Los colores se vuelven en escalas de grises o pasteles muy borrosos y hablamos de la vida. De Jorge del 7mo, de Rita del 1ro( que en paz descanse) y me cuenta -sabiendo que la voy a entender a la perfección - detalles de cómo debió sacrificar a su perro, Pato. Dice que lo que más le cuesta es no verlo en la cocina, que tiene una larga cocina; inmediatamente yo asiento con la cabeza recordando esa enorme cocina y respondo “claro!”, con una seguridad que ella jamás entendería. Me abstengo y salgo de la película y me voy directamente a Enero del 2010. Me iba a Villa Gesell con mis amigas pero unos días antes había logrado mi cometido. Marta vive con su marido y ahora sin su perro. Pero es madre y abuela. En el 2010 su hijo menor, ( mayor que yo) vivía aún ahí. Ay, si Marta supiera que mientras ella dormía de madrugada, su hijo se encontraba conmigo en las escaleras y me convidaba agua en la extensa cocina. Ay si Marta supiera que pasaba en puntitas de pie por su cuarto y era cotidiana la aventura de esperar el amanecer con la adrenalina de que no se despertara y nos descubriera•

 
 
 

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