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Desamor en tiempos de Instagram

  • Foto del escritor: Denise Slucki
    Denise Slucki
  • 10 jun 2019
  • 2 min de lectura

Actualizado: 11 jun 2019


El Campari y las cervezas sobre la mesa se mezclan con las risas y las anécdotas. Somos familia, somos amigas. Escucho, participo, pero tengo sueño, me duele la panza y quiero saber qué hora es. Tomo el celular. El teléfono está lejos de ser un simple reloj y esa maldita costumbre consumista de abrir las redes sociales. No escucho nada. Mis compañeras siguen riendo pero yo, ya no escucho nada. Me quedé sorda? Qué año es? No logro volver a entrar al diálogo. Se me desarman todas las frases que pasan por mi cabeza. Caen una a una las letras y ya no pienso. Mi mente está en blanco. Sin embargo, siento mucho. Me duele tanto que no sé dónde. Pero sé que ahí ya me dolió. Que horror, pensé que ya lo había eliminado de la brújula del humor, y no. Porque para mi sorpresa, un insignificante momento retratado, automáticamente me llevo a su cama y en pocas milésimas de segundos a todo lo que ya estaba llorado, analizado y superado - (?)- Una mujer me dirigió directamente a su sillón. Estarías con ella como supiste estarlo conmigo? Seguirías viviendo en esa calle que me vio tantos amaneceres como nunca antes? - y nunca después- Seguirás teniendo mis regalos en el cajón derecho del mueble del comedor? Que iluso nuestro último almuerzo. Me fui en mi bici autoconvencida de que tu vida estaba estancada y que yo había evolucionado. Que era verdad, ya no estábamos en sintonía. Yo estaba a años luz de vos. Que tonta. Sigo ahí. Cuando salgo me pongo tu perfume. Digo, mi perfume, ese que te gustaba. Por si te encuentro. 05:58 am jamás volví a la conversación. Me fui para siempre, pero quizá nunca estuve, nunca llegué, porque empiezo a pensar que nunca salí de tu casa, tampoco de tus brazos y menos de tus ojos estacionados en los míos. Estoy ahí. Somos tres mirando series y pidiendo comida. Tres haciendo el amor y dos durmiendo del lado derecho de la cama. Apuesto que no bailás lento al son del toca discos a las 21hs de un domingo. Pero es evidente que tampoco lo extrañas. Ya casi es domingo de mañana y me inunda la bronca de estar escribiendo sobre vos, en una cama enorme para mi sola. Y en verdad no te encuentro nunca. Ya no nos cruza ni la casualidad.


 
 
 

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